Biblioteca Popular José A. Guisasola

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Cuento» La Plapla


Felipito Tacatún estaba haciendo los deberes. Inclinado sobre el cuaderno y sacando un poquito la lengua, escribía enruladas “emes”, orejudas “eles” y elegantísimas “zetas”.

De pronto vio algo muy raro sobre el papel.


—¿Qué es esto?, se preguntó Felipito, que era un poco miope, y se puso un par de anteojos.

Una de las letras que había escrito se despatarraba toda y se ponía a caminar muy oronda por el cuaderno.

Felipito no lo podía creer, y sin embargo era cierto: la letra, como una araña de tinta, patinaba muy contenta por la página.

Felipito se puso otro par de anteojos para mirarla mejor.

Cuando la hubo mirado bien, cerró el cuaderno asustado y oyó una vocecita que decía:

—¡Ay!

Volvió a abrir el cuaderno valientemente y se puso otro par de anteojos y ya van tres.

Pegando la nariz al papel preguntó:

—¿Quién es usted, señorita?

Y la letra caminadora contestó:

—Soy una Plapla.

—¿Una Plapla?, preguntó Felipito asustadísimo, ¿qué es eso?

—¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.

—Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.

—Ahora ya lo sabes. Has escrito una Plapla.

—¿Y qué hago con la Plapla?

—Mirarla.

—Sí, la estoy mirando pero... ¿y después?

—Después, nada.

Y la Plapla siguió patinando sobre el cuaderno mientras cantaba un vals con su voz chiquita y de tinta.

Al día siguiente, Felipito corrió a mostrarle el cuaderno a la maestra, gritando entusiasmado:

—¡Señorita, mire la Plapla, mire la Plapla!

La maestra creyó que Felipito se había vuelto loco.

Pero no.

Abrió el cuaderno, y allí estaba la Plapla bailando y patinando por la página y jugando a la rayuela con los renglones.


Como podrán imaginarse, la Plapla causó mucho revuelo en el colegio.

Ese día nadie estudió.

Todo el mundo, por riguroso turno, desde el portero hasta los nenes de primer grado, se dedicaron a contemplar a la Plapla.


Tan grande fue el bochinche y la falta de estudio, que desde ese día la Plapla no figura en el abecedario.

Cada vez que un chico, por casualidad, igual que Felipito, escribe una Plapla cantante y patinadora la maestra la guarda en una cajita y cuida muy bien de que nadie se entere.

Qué le vamos a hacer, así es la vida.

Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra, ¿no?



FIN ✿◕‿◕✿


© María Elena Walsh.
c/o Guillermo Schavelzon & Asociados. Agencia Literaria.
www.schavelzon.com




¡CUÁNTO CUENTO!
Autora: María Elena Walsh
Ilustraciones de Jorge Cuello
ALFAGUARA



Este libro incluye siete cuentos consagrados de María Elena Walsh a los que se suman dos nuevos: el relato de cómo un pequeño ovillo llevó el agua y, con ella, la alegría a una familia, y los divertidos sucesos ocurridos en la Nimedia Antigua, que se entretejen alrededor de una sandía muy especial. Manuelita, Felipito Tacatún, la Plapla, la princesa Sukimuki y el príncipe, la sirena, el capitán, Bisa, el rey compás..., en ¡Cuánto cuento! vas a encontrar a tus personajes favoritos, a descubrir otros nuevos y a disfrutar de historias que están maravillosamente contadas.

http://www.schavelzon.com/libro/cuanto-cuento/





CUENTOPOS DE GULUBÚ
María Elena Walsh
Ilustraciones de Sandra Lavandeira
ALFAGUARA



Un libro de cuentos mágicos, insólitos y divertidísimos en los que cobran vida personajes que ya forman parte del imaginario infantil de nuestro país, como Felipito Tacatún, la plapla, Don Fresquete y Papalina y la tortuga con verruga. En Gulubú pasan cosas tan sorprendentes que cuando termines de leer este libro lo vas a querer empezar de nuevo.

http://www.schavelzon.com/libro/cuentopos-de-gulubu/



ÍNDICE:

Murrungato del zapato
La Plapla
Historia de una princesa, su papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka
El enanito y las siete Blancanieves
Capítulo 128
Don Fresquete
Y aquí se cuenta la maravillosa historia del Gatopato y la Princesa Monilda
Piu piripiú
Y aquí me pongo a contar un cuento polar
Martín Pescador y el delfín domador
Capítulo 3
El paquete de Osofete
La luna y la vaca
La regadera misteriosa
Papalina, la tortuga con verruga
Historia del domingo siete
La obra de María Elena Walsh




Visto y leído en: El Libro de Lectura del Bicentenario –Educación Inicial
Ministerio de Educación de la Nación. Plan Nacional de Lectura 2010.
Ilustraciones: Jimena Tello / Paula de la Cruz



http://planlectura.educ.ar/


Fuentes consultadas:

Colegio Sagrado Corazón - Salta
http://sagradocorazonsalta.edu.ar/assets/cuentos-de-maria-elena-walsh.pdf

VISTO EN: ¡PUROS CUENTOS!
http://www.puroscuentos.com.ar/p/los-cuentos-de-maria-elena-walsh.html

Recordamos a la gran María Elena
http://planlectura.educ.ar/?p=1046

El libro de lectura del Bicentenario -Inicial (pdf)
http://planlectura.educ.ar/wp-content/uploads/2015/12/El-libro-de-lectura-del-Bicentenario-Inicial.pdf

María Elena Walsh - Libros - EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)

http://edaicvarela.blogspot.com/2013/02/el-libro-de-lectura-del-bicentenario_5769.html




Había una vez una sirena que vivía por el río Paraná. Tenía su ranchito de hojas en un camalote y allí pasaba los días peinando su largo pelo color de miel, y pasaba las noches cantando, porque su oficio era cantar.


En noches de luna llena
por el río Paraná
una sirena cantando va.
Por aquí, por allá,
el agua qué fría está.
Juncal y arena del Paraná,
una sirena cantando va.

Alahí se llamaba la sirena y, como era un poco maga, sabía gobernar su camalote y remontarlo contra la corriente. A veces iba hasta las Cataratas del Iguazú para darse una larga ducha fresquita llena de espuma.

Después tomaba sol en la orilla y conversaba con los muchos amigos que tenía por el cielo, el agua y la tierra. Ninguno le hacía daño. Hasta los que parecen más malos, como los caimanes y las víboras, se le acercaban mimosos.


A veces, toda una hilera de mariposas le sostenía el pelo y los pájaros se juntaban en coro para arrullarle la siesta.


Hace muchos años de esto. América todavía era india y no habían llegado los españoles con sus barbas y sus barcos. Las pocas personas que alguna vez habían entrevisto a Alahí, creían que era un sueño, y corrían a frotarse los ojos con ungüento para espantar la visión de esa hermosa criatura mitad muchacha y mitad pez.


Una noche de luna, Alahí se puso a cantar como de costumbre, y tanto se entretuvo y tan fuerte cantaba recostada en la orilla lejos de su camalote, que no oyó que por el agua se acercaba un enorme barco con las velas desplegadas.

Los hombres del barco también remaban cantando.


Soy marinero y aventurero,
vengo de España y olé.
Quiero gloria, quiero dinero
y con los dos volveré.
Para mí será el dinero,
la gloria para mi rey.

—¡Callad! —dijo el capitán, que era flaco y barbudo como Don Quijote—. Callad, que alguien está cantando mejor que vosotros.

—¿Será quizás un pintado pajarillo cual la abubilla o el estornino, capitán? —le dijo un marinero tonto.

—Calla, que los pajarillos no cantan de noche. ¡Tirad las anclas!

—¿Vamos a tierra, capitán?

—No, iré yo solo.

El barco amarró suavemente muy cerca de Alahí, que al ver a los hombres extraños enmudeció y trató de deslizarse hasta su camalote para huir.

El capitán saltó a la orilla y la sorprendió.

Alahí se quedó quieta, muerta de miedo, mientras cundía la alarma entre todos sus amigos.

—¿Quién vive? —preguntó el capitán don Gonzalo de Valdepeñas y Villatuerta del Calabacete, que así se llamaba.

La sirena no contestó y trató de escapar.

—¡Alto allí!

El capitán alzó su farola y...


—¡Una sirena, vive dios! ¿Estaré soñando? ¡Qué cosas se ven en estas embrujadas tierras!

—Más raro es usted, señor —dijo Alahí—; todo vestido de lata y más peludo que un mono.

—Eres tan bella que paso por alto tu insolencia. Serás mi esposa y reina de los ríos de España.

—No, señor, lo siento mucho pero no...

Y Alahí trató de escurrirse entre las hojas.

—¡Detente!

El capitán la ató al tronco de un árbol. En las ramas los pajaritos temblaban por la suerte de su querida sirena.

—Haré un cofre y te encerraré para que no te escapes.

El capitán sacó su hacha y allí mismo se puso a hachar un árbol para construir la jaula para la pobre sirena.

—Ay, tengo frío —dijo Alahí.

El capitán, que era todo un caballero, quiso prestarle su coraza, pero no se la pudo quitar porque se había olvidado el abrelatas en el barco.

A todo esto, los amigos de Alahí se habían dado la voz de alarma y cuchicheaban entre las hojas, mientras el capitán talaba el árbol. Varios caimanes salieron del agua y se acercaron sigilosos. Muy cerca relampagueaban los ojos del tigre con toda su familia.

Cien monitos saltaron de árbol en árbol hasta llegar al de Alahí. Un regimiento de pájaros carpinteros avanzaba en fila india. Las mariposas estaban agazapadas entre el follaje. Las tortugas hicieron un puente desde la otra orilla para que los armadillos pudieran cruzar.

Cuando estuvieron todos listos, un papagayo dio la señal de ataque:

—¡Ahura!

Los monitos se descolgaron sobre el capitán, chillando y tirándole de las orejas.

Los caimanes le pegaron feroces coletazos. Las mariposas revolotearon sobre sus ojos para cegarlo. Dos culebras se le enredaron en los pies para hacerlo tropezar.

El tigre, la tigra y los tigrecitos le mostraron uñas y colmillos, porque no hacía falta más.

Luego llegó el escuadrón blindado de los mosquitos y obligaron al capitán a escapar despavorido y trepar por una escala de cuerda hasta la borda de su barco.


—¡Alzad el ancla, levad amarras, izad las velas, huyamos de esta tierra de demonios!

Mientras el barco soltaba amarras, los pájaros carpinteros terminaron el trabajo picoteando las cuerdas hasta liberar a la pobre Alahí.

—¡Gracias, amigos, gracias por este regalo, el más hermoso para mí: la libertad!

Amanecía cuando la sirena volvió a su camalote, escoltada por cielo y tierra de todos sus amigos. Allá, muy lejos se iba el barco de los hombres extraños.


Alahí tomó el rumbo contrario en su camalote y se alejó río arriba, hasta Paitití, el país de la leyenda, donde sigue viviendo libre y cantando siempre para quien sepa oírla.



FIN



LA SIRENA Y EL CAPITÁN
Autora: María Elena Walsh
Ilustraciones: Carolina Farías
Editorial: ALFAGUARA




Este libro incluye el cuento La Sirena y el Capitán, del libro El diablo inglés. La entrañable historia de una bella sirena y su cantar, y un capitán que quiere conquistar a ambos, pero sin nada va a quedar.

http://www.schavelzon.com/libro/la-sirena-y-el-capitan/




EL DIABLO INGLÉS
Autora: María Elena Walsh
Ilustraciones: Douglas Wright
Editorial: ALFAGUARA




Este libro está compuesto por siete cuentos y una magnífica versión en poesía de un texto de Lewis Carroll, que darán vuelo a la imaginación. En él encontrarán La Sirena y el Capitán, El diablo inglés, El País de la Geometría y Angelito, entre otros relatos clásicos de la autora.

http://www.schavelzon.com/libro/el-diablo-ingles
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¡CUÁNTO CUENTO!
Autora: María Elena Walsh
Ilustraciones: Jorge Cuello
Editorial: ALFAGUARA




Este libro incluye siete cuentos consagrados de María Elena Walsh a los que se suman dos nuevos: el relato de cómo un pequeño ovillo llevó el agua y, con ella, la alegría a una familia, y los divertidos sucesos ocurridos en la Nimedia Antigua, que se entretejen alrededor de una sandía muy especial. Manuelita, Felipito Tacatún, la Plapla, la princesa Sukimuki y el príncipe, la sirena, el capitán, Bisa, el rey compás..., en ¡Cuánto cuento! vas a encontrar a tus personajes favoritos, a descubrir otros nuevos y a disfrutar de historias que están maravillosamente contadas.

http://www.schavelzon.com/libro/cuanto-cuento/




La sirena y el capitán
Autora: María Elena Walsh
Ilustraciones: Douglas Wright
Colección: “Cuando leés te sentís mejor”
Plan Nacional de Lectura
Ministerio de Educación de la Nación




La sirena Alahí vivía libre y feliz en el Río Paraná, rodeada de sus amigos animales. Hasta que un día, llega un barco de España y empiezan los problemas. El capitán encantado con su belleza y su hermosa voz quiere hacerla prisionera, pero sus amigos lucharán hasta conseguir liberarla.

http://planlectura.educ.ar/


Visto y leído en:

María Elena Walsh - Libros - EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)
—El material que se publica en este sitio tiene fines educativos—
http://edaicvarela.blogspot.com/2013/12/maria-elena-walsh.html

CIIE Marcos Paz - Biblioteca Digital Julio Cortázar
https://sites.google.com/view/bibliotecajuliocortazar/walsh-mar%C3%ADa-elena

Plan Nacional de Lectura: selección de recursos literarios (Archivo PDF)
http://planlectura.educ.ar/wp-content/uploads/2015/12/La-sirena-y-el-capit%C3%A1n-Mar%C3%ADa-Elena-Walsh.pdf

Ilustraciones:

Carolina Farías
http://carofarias.blogspot.com/2007/04/la-sirena-y-el-capitn-despues-de-tanto.html
http://carofarias.blogspot.com/2007/04/aca-esta-arreglandose-un-poco.html
http://carofarias.blogspot.com/2007/04/ella-canta-y-parece-que-lo-hace-bien.html
http://carofarias.blogspot.com/2007/05/una-mas-de-ella-cantando.html
http://carofarias.blogspot.com/2007/05/bueno-me-faltaba-presentar-los.html

ME GUSTA LEER - LIBROS
https://www.megustaleer.com/libros/la-sirena-y-el-capitn/MAR-011038



Había una vez una ancianita con más años que hojas tiene un ombú. Alta y flaca y memoriosa y sabia.

Y había una vez un pueblo grande como dos sábanas cosidas al medio por las vías del ferrocarril.

Y había en el pueblo varias familias con muchos chicos.

Y había trenes que pasaban de largo, llenos de vacas y sin pasajeros.

La ancianita vivía sola en lo alto de un mangrullo. Guardaba cachivaches en un baúl de su antepasado el Conquistador. Y su grillo Pachimú se guardaba él solo dentro de una caja de fósforos.

Un buen día, los niños, reunidos en asamblea en el galpón del ferrocarril bajo las alas de un viejo avión herrumbrado, decidieron adoptar a la anciana como bisabuela de todos y llamarla Bisa.

Y desde entonces vivieron felices, jugando con Bisa a la rayuela y al ajedrez.

Salían todos a pasear, algunos en bicicleta, otros en caballo de palo y alguno en un cajón tirado por un carnero.

Pescaban renacuajos para investigarlos y cultivaban enormes calabazas anaranjadas.

Bisa, en sus tiempos, había sido aviadora. Y el viejo avión era su famoso “Águila de Oro”.

La campeona de vuelo estaba jubilada –decía- desde que sus ojos se debilitaron y un mal día al aterrizar había atropellado a una pobre perdiz viuda.

Entre todos se pusieron a limpiar y aceitar el aeroplano, con la esperanza de volar algún día y llegar, por lo menos, hasta la orilla del mar.

¡Y ese día estaba cerca!

Porque ya las hélices rugían como dos leones tartamudos, comandados por la famosa aviadora.

Bisa abrió un baúl, sacó su viejo uniforme arrugado y se lo probó frente al espejo.

-No es tan distinto del uniforme de los astronautas, ¿verdad, Pachimú?

Pero el grillo, por ser tan pequeño, no sabía nada de astronautas.

Bisa se encasquetó la gorra y se puso unas antiparras que nunca había usado: era un trofeo regalo de su madrina después de su último vuelo ¡tantos miles de días atrás!

-Estos anteojos se han vuelto locos -dijo Bisa. Y miró a Pachimú, y en su lugar vio un gato con cola de pavo real.

-Estás muy raro. ¿Qué te pasa, Pachimú?

Pero Pachimú, por ser tan pequeño, no sabía nada de rarezas.

Bajó de su casa y con el grillo en su caja dentro de uno de sus 54 bolsillos llenos de herramientas, corrió a contarles a sus bisnietos la novedad.

Los niños, por riguroso turno, se probaron las gafas y no vieron nada, sólo las encontraron asquerosamente sucias y empañadas.

-Estoy segura de que con estos anteojos maravillosos pondré en marcha el motor -dijo Bisa.

Los chicos abrieron los portones, Bisa trepó a la diminuta cabina, movió manivelas y palancas y… brrrrummmm… cruzó las vías y remontó vuelo.

Los bisnietos la siguieron un poco a la carrera, después se taparon los ojos temiendo lo peor.

Seguramente ustedes también tiemblan de espanto pensando que se va a estrellar contra el más alto de los eucaliptos.

Pero no, Bisa vuela, feliz. Mira hacia abajo y ya no ve a sus bisnietos ni el ocre de los monótonos campos.

Ve toda la ciudad de Nueva York, ve una carroza tirada por mariposas gigantes, ve las pirámides mexicanas, ve un cohete espacial que pasa cerca, y allá lejos ve algunas torres de la ciudad de Bagdad.

Como le quedaba escaso combustible, al divisar una calle ancha y poco transitada, decidió aterrizar. ¿Dónde estaría? ¡Buena pregunta para Pachimú!

Bisa se levantó las gafas y vio que los niños de un pueblo extraño se acercaban a recibirla, con sonrisas, besos, abrazos y un ramillete de margaritas.

Pero ¡ay!, hablaban en otra lengua, sólo entendieron el idioma de los cariños. Entonces Pachimú se puso a cantar, y a él sí lo entendieron, porque los grillos cantan en un idioma universal.

Salió de su caja y del bolsillo y desde el ala del avión trabajó de traductor.

Los chicos de ese pueblo también decidieron adoptar a Bisa como bisabuela de todos. Y le ofrecieron domicilio en una casita construida en las ramas de un árbol.

Desde entonces Bisa vuela de pueblo en pueblo y de bisnietos en bisnietos.

Ya aprendió otro idioma y, en cada viaje, que dura media hora o tres meses –nadie lo sabe-, sigue mirando encantada por los cristales de sus antiparras, las maravillas del mundo que siempre quiso conocer.


FIN

(En: ¡Cuánto cuento! de María Elena Walsh. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2004.
Colección AlfaWalsh. Desde los ocho años)

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Ilustración: de María Cristina Brusca, en Bisa vuela, de María Elena Walsh.
Colección Veo Veo. Hyspamérica, 1985.



¡Cuánto cuento!
María Elena Walsh
ALFAGUARA INFANTIL
Ilustraciones: Jorge Cuello.


Sinopsis: Este nuevo libro incluye siete cuentos consagrado de María Elena Walsh a los que se suman dos nuevos: el relato de cómo un pequeño ovillo llevó el agua y, con ella, la alegría a una familia, y los divertidos sucesos ocurridos en la Nimedia Antigua, que se entretejen alrededor de una sandía muy especial.
Manuelita, Felipito Tacatún, la Plapla, la princesa Sukimuki y el príncipe, la sirena, el capitán, Bisa, el rey compás..., en ¡CUÁNTO CUENTO! vas a encontrar a tus personajes favoritos, a descubrir otros nuevos y a disfrutar de historias que están maravillosamente contadas.

Visto y leído en:

35 cuentos para primaria (Scribd)
http://es.scribd.com/doc/62460991/35-Cuentos-Para-Primaria-2011

María Elena Walsh - Libros - EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)
http://edaicvarela.blogspot.com.ar/2013/12/maria-elena-walsh.html



Había una vez un amplio país blanco de papel.

El Rey de este país era el Compás. ¿Por qué no?

El Compás. Aquí viene caminando con sus dos patitas flacas: una pincha y la otra no.

Jo jo jo jo jó,
una pincha y la otra no.


El Rey Compás vivía en un gran palacio de cartulina en forma de icosaedro, con dieciocho ventanitas.

Cualquiera de nosotros estaría contento en un palacio así, pero el Rey Compás no. Estaba siempre triste y preocupado.

Porque para ser feliz y rey completo le faltaba encontrar a la famosa Flor Redonda.

Jo jo jo jo jó,
sin la Flor Redonda no.


El Rey Compás tenía un poderoso ejército de Rombos, una guardia de vistosos Triángulos, un escuadrón policial de forzudos Trapecios, un sindicato de elegantes Líneas Rectas, pero... le faltaba lo principal: ser dueño de la famosa Flor Redonda.


El Rey había plantado dos Verticales Paralelas en el patio, que le servían de atalaya. Las Paralelas crecían, crecían, crecían...

Muchas veces el Rey trepaba a ellas para otear el horizonte y ver si alguien le traía la Flor, pero no.

Había mandado cientos de expediciones en su búsqueda y nadie había podido encontrarla.

Un día el Capitán de los Rombos le preguntó:

—¿Y para qué sirve esa flor, señor Rey?

—¡Tonto, retonto! —tronó el Rey—. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! El Capitán Rombo, con miedo de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por el marco de la puerta.

Otro día el Comandante de los Triángulos le preguntó:

—Hemos recorrido todos los ángulos de la comarca sin encontrarla, señor Rey. Casi creemos que no existe. ¿Puedo preguntarle para qué sirve esa flor?

—¡Tonto, retonto! —tronó el Rey—. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! El Comandante de los Triángulos, temeroso de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por una de las dieciocho ventanas del palacio.

Otra tarde la Secretaria del sindicato de Líneas Rectas se presentó ante el Rey y tuvo la imprudencia de decirle:

—¿No le gustaría conseguir otra cosa más útil, señor Rey? Porque al fin y al cabo, ¿para qué sirve una flor?

—¡Tonta, retonta! —tronó el Rey—. ¡Solamente las tontas retontas preguntan para qué sirve una flor! La pobre señorita Línea, temerosa de que el Rey la pinchara, se escurrió por un agujerito del piso.

Poco después llegaron los Trapecios, maltrechos y melancólicos después de una larga expedición.

—¿Y? ¿Encontraron a la Flor Redonda? —les preguntó el Rey, impaciente.

—Ni rastros, Majestad.

—¿Y qué diablos encontraron?

—Cubitos de hielo, tres dados, una regla y una cajita.

—¡Harrrto! ¡Estoy harrrto de ángulos y rectas y puntos! ¡Sois todos unos cuadrados! (Este insulto ofendió mucho a los Trapecios).

—¡Estoy harrrto y amarrrgado! ¡Quiero encontrar a la famosa Flor Redonda!

Y todos tuvieron que corear la canción que ya era el himno de la comarca:

Jo jo jo jo jó,
sin la flor redonda no.


Los súbditos del Rey, para distraerlo, decidieron organizar un partido de fútbol.

Las tribunas estaban llenas de Puntos alborotados.

Los Rombos desafiaban a los Triángulos.

En fin, ganaron los Triángulos por 1 a 0 (mérito singular si se tiene en cuenta que la pelota era un cubo).

El Capitán de los Rombos fue a llorar su derrota en un rincón.

El Comandante de los Triángulos, cansado y victorioso, se acercó al Rey:

—¿Y? ¿Le gustó el partido, Majestad?

—¡Bah, bah!... —dijo el Rey, distraído, siempre con su idea fija—. No perdamos tiempo con partidos; mañana salimos todos de expedición.

—¿Mañana? Pero estamos muy cansados, señor Rey. El partido duró siete horas; usted no sabe cómo cansa jugar con una pelota en forma de cubo.

—Tonto, retonto, mañana partimos.

A la mañana tempranito el Rey pasó revista a sus tropas. Había decidido salir él mismo a la cabeza de la expedición. Rombos, Cuadrados, Triángulos, Trapecios y Líneas Rectas y Quebradas formaban fila, muertos de sueño y escoltados por unos cuantos Puntos enrolados como voluntarios.

Allá se van todos, en busca de la famosa, misteriosa y caprichosa Flor Redonda.

La expedición del Rey Compás atravesó páginas y cuadernos desolados, ríos de tinta china, espesas selvas de viruta de lápiz, cordilleras de gomas de borrar, buscando, siempre buscando a la dichosa flor.

Registraron todos los ángulos, todos los rincones, todos los vericuetos, bajo el viento, la lluvia, el granizo y la resolana.

—Me doy por vencido —dijo por fin el Rey. Quizás ustedes tenían razón y la dichosa Flor Redonda no exista. Quizá no eran tan retontos como yo pensaba. Volvamos a casita.

Cuando volvieron, el Rey se encerró en su cuarto, espantosamente triste y amargado.

Al rato entró la señora Línea a llevarle la sopita de tiza y se preocupó mucho al verlo tan triste.

—Señor Rey —le dijo para consolarlo—, ¿no sabe usted que siempre es mejor cantar y bailar que amargarse?

Cuando la señorita Línea se hubo deslizado por debajo de la puerta, el Rey, que no era sordo a los consejos, dijo:

—Y bueno, probemos: la la la la...

Y cantó y bailó un poquito.

Bailando, bailando, bailando, descubrió sorprendido que había dibujado una hermosa Flor Redonda sobre el piso de su cuarto.

Y siguió bailando hasta dibujar flores y más flores redondas que pronto se convirtieron en un jardín.


Jo jo jo jo jó,
y la Flor la dibujó.




FIN



© María Elena Walsh
c/o Guillermo Schavelzon Graham Agencia Literaria
www.schavelzongraham.com



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EL DIABLO INGLÉS
María Elena Walsh
Ilustración de Douglas Wright
Editorial ALFAGUARA

Este libro está compuesto por siete cuentos y una magnífica versión en poesía de un texto de Lewis Carroll, que darán vuelo a la imaginación. En él encontrarán La Sirena y el Capitán, El diablo inglés, El País de la Geometría y Angelito, entre otros relatos clásicos de la autora.

http://www.schavelzon.com/libro/el-diablo-ingles/

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Visto y leído en:

Sitio Web: María Elena Walsh
http://www.mariaelenawalsh.com/elpaisdelageometria.htm

María Elena Walsh - Libros - EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)
http://edaicvarela.blogspot.com.ar/2013/12/maria-elena-walsh.html

CMTV.COM.AR - CUENTOPOS PARA EL RECREO - 1969
https://www.cmtv.com.ar/discos_letras/letra.php?bnid=1992&tmid=94612&tema=EL_PA%CDS_DE_LA_GEOMETR%CDA

Colegio Sagrado Corazón - Salta
http://sagradocorazonsalta.edu.ar/assets/cuentos-de-maria-elena-walsh.pdf


Voy a contarles un cuento que me contaron hace añares, no sé si lo recuerdo bien porque la memoria se pasea mucho, los cuentos cambian todo el tiempo, y los chicos no se quedan quietos.

El cuento dice más o menos así:

Éste era un pueblo chico y feo. No llovía y no llovía, y el suelo estaba reseco alrededor del rancho de la familia Chumpi. La bomba no tiraba una gota más. De noche, en vez de rocío, caían espinas de cacto.

El padre se había ido a cazar peludos o lo que encontrara. La madre lidiaba con un montón de hijos en vacaciones. Estaban tan sucios que no se sabía si eran rubios o morochos, nenas o varones.

La cabra y el cabrito parecían muñecos de alambre. Los frutales sólo hubieran servido para leña.

Al fin la madre dijo: -Vayan todos a buscar algo de comer, por ahí desentierran una batata, pero cuidadito con robar.

Y allá se van corriendo todos juntos, menos Rocío, que es la más chica, y toma por otro camino, con su gato flaco Bergamín pisándole los talones.

La madre se pone a amasar su último pan, con harina de yuyo seco y un poco de baba de cabra, y, de paso, canta una copla que dice: No quiere llover, sale una nube y se vuelve a perder…

Así pasa el día y los chicos van volviendo más sucios todavía. ¿Qué encontraron?

¡Claro, un pedazo de pelota, tres figuritas pisoteadas y unos cascotes, porque brillaban de mica!

Los maullidos de Bergamín anuncian a Rocío: vienen rendidos, con la lengua afuera y los pelos llenos de abrojos. ¿A ver qué basura encontraron ustedes?

Rocío muestra el puño cerrado, le da vergüenza abrirlo, pero al fin estira los dedos uno por uno. ¿Qué es? ¡Bah! Un ovillito de hilo celeste muy enredado.

-Ni para remiendo sirve –dice la madre, pero no acaba de hablar cuando el ovillo escapa de la mano de Rocío… se desanuda solo y resulta que es un hilito de agua, que empieza a viborear y rodar.

Cuando sale del rancho se convierte en arroyo, y el arroyo canta y da vueltas y engorda y crece y todos miran, se quedan como de palo, los ojos muy abiertos.

La cabra y su cría beben hasta reventar. Entonces los chicos chapotean y vemos que son lindos y feúchos, rubios y morochos, cuatro varones y tres niñas, contando a Rocío, que va a buscar un trozo de jabón. El gato Bergamín se trepa a un árbol huyendo del baño.

Juntan agua en todos los cacharros que tienen y se van a dormir con hambre pero al fin sin sed. Tienen miedo de que al amanecer el hilo de agua haya desaparecido como un sueño.

Cuando despiertan, el sol ya está redondo y el río sigue allí. ¡Qué misterio misterioso, señores! Durante la noche han nacido brotecitos muy verdes, ha vuelto el benteveo a bañarse y el agua tan limpita deja ver cómo juegan unos cuantos peces de plata.

Y ahí vuelve papá Chumpi, con un atado de choclos y tres huevos de ñandú.

¡Ja!

Deja caer todo y primero se queda tieso mirando el río, después va a buscar una caña y pesca que te pesca.

¡Y todos contentos, gracias a Rocío y su ovillito de hilo celeste, que no era más que agua dormida al pie de un sauce amarillo!

Dicen que dicen que así nació el río Lapizul.



FIN

Del libro ¡Cuánto cuento! de María Elena Walsh. Ilustraciones de Jorge Cuello. Buenos Aires, Editorial Alfaguara, 2004. Colección AlfaWalsh. (Desde los ocho años.)



"Este nuevo libro incluye siete cuentos consagrados de María Elena Walsh a los que se suman dos nuevos: el relato de cómo un pequeño ovillo llevó el agua y, con ella, la alegría a una familia, y los divertidos sucesos ocurridos en la Nimedia Antigua, que se entretejen alrededor de una sandía muy especial. Manuelita, Felipito Tacatún, la Plapla, la princesa Sukimuki y el príncipe, la sirena, el capitán, Bisa, el rey compás..., en ¡Cuánto cuento! vas a encontrar a tus personajes favoritos, a descubrir otros nuevos y a disfrutar de historias que están maravillosamente contadas." (Texto extraído de la contratapa del libro.)

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Visto y leído en: 35 cuentos para primaria (Scribd)
http://es.scribd.com/doc/62460991/35-Cuentos-Para-Primaria-2011


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"Argentina crece leyendo"


Selección y curaduría: Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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